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miércoles, 19 de febrero de 2014

UNA ANÉCDOTA DE UN GRANDE DANTE SPINACCI

Un pequeño homenaje para un grande.
Pablo Spinacci es un ascendente polista de seis goles de handicap que también juega al pato. Hace dos años tuvo una rodada en California, Estados Unidos, que le provocó una seria lesión en un brazo. Hacia un mes, ya recuperado, se estaba preparando para jugar el Argentino Abierto de pato, pero se dio cuenta de que al realizar algunos movimientos típicos del deporte sentía dolor. Entonces le habló a su padre, Dante Spinacci, de 49 años en ese momento, un ex jugador que desde 1990 no participaba de un partido oficial...
–Papá, me encantaría jugar, pero tengo un poco de miedo porque en unos días tengo que viajar a Estados Unidos a cumplir mis compromisos con el polo. Jugá vos.
–¿En serio?, le contestó Dante sorprendido.
–Sí, el equipo es divertido, son todos de acá, de 9 de Julio. Vas a andar bien.
Y así fue. Dante Spinacci, de 10 de handicap, se entusiasmó y empezó a prepararse. En realidad, no cambió demasiado su rutina habitual. “Como me dedico a la cría de caballos, estoy en el tema y sigo jugando algunas prácticas informales. Me levanto y estoy andando a caballo. Estoy en training; para mí no fue un gran esfuerzo. Antes, cuando veía a mis ex compañeros jugar, se me caían las lágrimas porque no podía estar. Pero tragaba saliva y volvía a mi casa”, comenta Spinacci aún emocionado, 24 horas después de ganar el 62° Argentino Abierto con La Guarida, su campo, después de vencer por 17-12 a El Fogón.
–Y ahora, Dante, ¿vas a seguir?
No es fácil, pero la verdad es que todos quieren que siga; están muy entusiasmados. Pero costó mucho en el armado: tuve que montar a tres jugadores: Luis Dellarupe, Ariel Tapia y yo. Son 21 caballos... Hay que tener tiempo y una buena organización. Pero el bichito me picó de nuevo.
–¿Qué sentiste al estar en acción otra vez?
–Fue como revivir cosas que estaban olvidadas. Me encontré con todo el grupo nuevo de jugadores, con un chico de 15 años como Luis Dellarupe que no esperaba que pudiera jugar y anduvo muy bien. Me faltó tener a mi lado la alegría de mis ex compañeros. Pero me alentaron desde afuera...
Desde su retiro como jugador de pato en 1990, Spinacci se dedicó de lleno al mundo de los caballos. “Criamos caballos de polo y de pato. Hace cuatro años, Marcos Heguy me mandó a Serás Coco, un padrillo espectacular que es hijo de un hermano de Serás Candela y de Comadrita. Todo primer nivel en el polo. Llevate este padrillo: es la única forma de fomentar y tener caballos nuevos, me dijo. Y hace cinco meses me dio otro, un hijo de Fantasma y Romántica.”
Ese es su trabajo, pero ahora la vida lo reencontró con el pato, su amor de siempre. “Es muy lindo y es el deporte nacional. Pero faltan sponsors y gente que apoye para que vuelva a crecer. El pato se merece estar mejor de lo que está.”

LA ESPECIAL UNIÓN CON LA DOLFINA

La historia de la fusión de La Guarida y de La Dolfina es muy especial. Todo nació cuando Pablo Spinacci iba a jugar prácticas de polo a La Dolfina con Adolfo Cambiaso y Bartolomé Castagnola. Un día, cuando los jugadores de La Dolfina tenían extranjeros invitados en su campo de Cañuelas, le dijeron a Spinacci: “¿Por qué no traes un arco de pato y juegan una práctica para mostrales a ellos?”
Ahora Dante Spinacci retoma el rumbo de la historia. “Jugamos y les gustó tanto que después de la práctica Adolfito me pidió que armara un equipo y que jugáramos con la misma camiseta que ellos usaron en el polo. Y así fue: jugamos con Martín Valent, el representante de Cambiaso, que se lesionó y no pudo estar en la final”. El vínculo promete extenderse.

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